Así nació Jalisco: el movimiento federalista que desafió al poder central en 1823

Según el historiador Jaime Olveda, cuando Agustín de Iturbide renunció al trono del primer imperio mexicano, algunas provincias dejaron de considerar a la Ciudad de México como el centro político y pensaron que volvían a su estado natural, es decir, que recuperaban la libertad de organizarse como mejor les pareciera. Sin una autoridad central, la élite se dio a la tarea de buscar un sistema de gobierno que se ajustara a la realidad del país y que uniera a las provincias dispersas. La mayoría de los líderes políticos se inclinó por una república, pero había que decidir si sería central o federal.

Antes de definir el nuevo régimen, había que decidir si seguiría funcionando el Congreso restablecido (disuelto por Iturbide) o si se convocaría uno nuevo. Algunas provincias, como Guadalajara, se mostraron a favor de elegir un nuevo Congreso, pero el triunvirato formado por Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria y Pedro Celestino Negrete determinó que no era necesario llamar a elecciones.

Las autoridades de Guadalajara, con cierta indignación por el “impolítico e ilegal” dictamen, dijeron que aceptarían al restablecido Congreso, pero solo como convocante, ya que, según ellas, aún había una facción centralista en su interior. A partir de entonces, se negaron a acatar las órdenes del gobierno general y, alegando que se ignoraba la voluntad provincial, otorgaron la máxima autoridad a la diputación local de Guadalajara.

Con los ánimos alterados, el 12 de mayo de 1823, Luis Quintanar, capitán general y jefe superior político de Guadalajara, llamó a formar una federación. Argumentó que Guadalajara tenía derecho a constituirse como Guatemala, pues era una ciudad digna “por mil títulos”, y la república central no podía ofrecer la suerte que merecía. En su pronunciamiento, prometió defender el federalismo “hasta efectuar el sacrificio de su existencia”. Al día siguiente, proclamó la separación de Guadalajara del Supremo Congreso.

Quintanar pidió a los miembros de los ayuntamientos de la provincia de Guadalajara que explicaran a los habitantes las desventajas del centralismo y la utilidad del sistema federal. Además, el 13 de mayo les solicitó que enviaran su voto a favor de este modelo. Según José María Murià, los votos recopilados dieron lugar a dos extensos cuadernos que se distribuyeron en varias partes del país.

Para sumar más aliados, Quintanar mandó copia de los dos cuadernos a Guatemala. El Archivo Municipal de Guadalajara conserva la respuesta del secretario de Relaciones guatemalteco, quien expresó que veían con agrado la causa de Guadalajara y que respaldarían un pronunciamiento federal. El gobierno guatemalteco envió a las autoridades tapatías seis ejemplares de las Bases de la Constitución Federal para formar la Constitución de las Provincias Unidas de Centroamérica; además, ofreció asilo a cualquier mexicano siempre que respetara ley.

¿Un intento separatista?

El gobierno general interpretó el radicalismo de las autoridades de Guadalajara como un intento de separatismo. El Supremo Poder Ejecutivo mexicano pensaba que esa y otras provincias sublevadas buscaban separarse para formar pequeñas naciones, lo que dejaría a México vulnerable ante una invasión extranjera. Sin embargo, no era su intención independizarse. Olveda señala que, aunque en esta región se defendía la autonomía política, existía un fuerte sentido de pertenencia a la nación.

Sin más opciones, el 21 de mayo el Congreso General atendió las demandas de las provincias y decretó la creación de una comisión para preparar la ley electoral con miras a convocar al nuevo Congreso. Además, con el pretexto de restablecer la tranquilidad pública perturbada por los pronunciamientos federalistas, el 24 de ese mes el Congreso General y el Poder Ejecutivo ordenaron destituir a Quintanar y reemplazarlo por Joaquín Herrera.

Luis Quintanar y la diputación de Guadalajara respondieron que solo las autoridades locales tenían la facultad de proponer un cambio político en su jurisdicción, por lo que se negaron a reconocer el cargo de Herrera. Sin embargo, contentos por la aprobación de las tan esperadas elecciones, la diputación provincial de Guadalajara redactó ese mismo día nueve artículos donde reconoció a la Ciudad de México como centro político y al Congreso general como convocante.

Aunque las autoridades de Guadalajara prometieronatar las disposiciones del Supremo Poder Ejecutivo, su reputación ya estaba deteriorada y en la Ciudad de México se decía que “la insolencia de los tapatíos” les traería muchas desgracias.

Nacimiento del estado de Xalisco

Ante las claras hostilidades y la demora del Congreso en convocar a uno nuevo, Quintanar y la diputación provincial de Guadalajara adoptaron en la ciudad el sistema federal. El 16 de junio de 1823, las autoridades locales transformaron la provincia en el estado libre y soberano de Jalisco. Según las autoridades tapatías: “la voluntad de todos los pueblos de la provincia por el sistema de gobierno representativo federado está expresada de la forma más clara y decisiva, y se declara que ha llegado el momento de hacer el tan esperado pronunciamiento para erigir esta provincia en Estado Soberano Federado, junto con los demás de la gran nación mexicana, bajo el nombre de Estado libre de Xalisco”.

El 16 de junio, Quintanar asumió como primer gobernador provisional de Jalisco. El 21 de ese mismo mes publicó el Plan de Gobierno Provisional del Nuevo Estado de Jalisco, en el que estableció la división de poderes: el Legislativo quedaría en la diputación hasta la instalación del primer Congreso estatal, el Ejecutivo en el gobernador y el en el Supremo Tribunal de Justicia.

Tras la publicación del Plan, se celebró oficialmente la fundación del nuevo estado. El 22 de junio, a las nueve de la mañana, se entonó un tedeum en la catedral de Guadalajara y luego la comitiva se dirigió salón del palacio para leer el documento. Mientras tanto, para la diputación provincial de México, las autoridades de Jalisco habían llegado a tal extremo que Quintanar recibió un nuevo y enérgico llamado por su insubordinación.

La clase política de la Ciudad de México observó con recelo el pronunciamiento federalista de Guadalajara. Carlos María de Bustamante comentó: “¡Desgraciada nación mexicana si los de Jalisco cumplen parte de sus designios! Su orgullo traerá los más tristes efectos de anarquía, así ha pasado”. Además, no dudó en calificar a las autoridades de Guadalajara como “frenéticos” y aseguró que, de poder hacerlo, los enviaría a las jaulas de Hipólito de México, donde, a base de baños forzados, leche y bofe, quizá podrían recuperar la cordura

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